¿A qué tienes miedo?

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¿A qué tienes miedo?

Tengo miedo a que me hagan daño…si te suena esta respuesta…sigue leyendo.

Tenemos miedo a que nos hagan daño, ya ves, que ironia y en cambio no nos da ningún miedo hacernos daño a nosotros mismos, porque ese daño es invisible, estamos tan acostumbrados a él que ni siquiera lo notamos, es un daño que pensamos que nos sale gratis, que no cuenta.

Para que los demás no nos hagan un supuesto daño, mejor me hago daño yo mismo, dejando de ser yo, de mostrar lo que quiero, de decir a quien amo que lo amo, digo no cuando quiero decir sí y viceversa, me olvido de mí, dejo de escucharme, de sentir, de permitirme, de soñar, de vivir en definitiva.

Es verdad, es mucho mejor machacarse uno mismo que dejar que otros lo hagan, porque si me abro al mundo y soy yo…los demás seguro que me hacen daño…lo de ahí fuera es un mundo hostil….o no?

Mejor me hago daño yo por anticipado, de ese que ya ni me entero…aunque mi alma lo note, aunque mi corazón llore en silencio y me suplique que pare….

Pero y si lo de ahí fuera no es tan malo,¿ y si resultase que alguna vez, solo alguna vez, permitirme salir y ser yo, tuviera como premio ser feliz? Puede que no sea la felicidad eterna, pero si pequeños instantes de esos que al final van tejiendo la vida y llenándola de luz.

Es verdad que tal vez alguien me haga daño….tal vez…pero por lo menos mi alma y mi corazón estarán intactos para poder hacer borrón y cuenta nueva y volver a salir a buscar el sol.

 

 

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El camino del corazón

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Hoy hace exactamente un año, que soy libre.

Que elegí caminar hacia mis sueños, soltar el último equipaje que me quedaba de una vida que ahora recuerdo tan lejana y difusa que a veces me parece que no ha sido verdad.

Y solo puedo decir, que como no podía ser de otra manera ha sido un año espectacular, no quiero mentir y decir que no haya días en que no siga teniendo miedo, pero el miedo ya no es ese monstruo de dos cabezas que te paraliza e impide avanzar, es más bien un viejo amigo, de esos pesados, de esos un poco grises que forman parte de tu vida pero que por alguna razón sabes que en su justa medida también viene bien de vez en cuando tener a tu lado, aunque solo sea para no hacerle caso.

Hace un año que soy libre y que elegí seguir caminando, avanzando, fluyendo con la vida y aceptando los regalos que me va trayendo, saboreándolos, disfrutándolos al máximo y que siento en todas los poros de mi cuerpo y de mi alma que estoy en el camino correcto.

Este camino hacia la libertad empezó realmente 4 años antes, en el momento en que empecé a deshojar aquella margarita de si y no, que contenía todos los pétalos de lo que era mi vida entonces.

Casi todos los pétalos resultaron ser un no, y ha sido un camino muy duro, pero muy revelador, porque todas esas cosas tenían que marcharse para poder dejar paso a otras nuevas.

Y ese último pétalo fue un trabajo que una vez tanto amé, y en el que tanto construí, pero que ya no me dejaba crecer y en el que había dejado de creer.

Y salté, hacía el aparente vacío, crucé al otro lado….hacia la libertad.

Y un año después, el balance ha sido espectacular, estoy cada día más cerca de vivir de lo que verdad me apasiona, de vivir mi sueño, sigo teniendo muchos más sueños, han llegado a mi vida personas extraordinarias, he llorado, he reído, he vibrado, he amado, me han amado, he escuchado, me han escuchado, he bailado hasta el amanecer, he dormido hasta el atardecer, he soñado con la luna y he brillado con el sol de cada nuevo día.

Ha sido un año de plenitud y de crecimiento, de estar viva, ¡de ser yo en estado puro!

Por eso, te digo sin dudar, que escuches tu corazón, a veces te habla muy bajito porque hay mucho ruido en tu cabeza, pero siempre te dice la verdad y te lleva por el camino correcto, aunque no sea el camino más fácil, aunque no sea el camino que los demás hayan elegido, aunque no sean el que los demás esperan de ti, aunque debas recorrerlo solo, aunque esté lleno de obstáculos, aunque tengas que dejar a un lado cosas y personas, aunque parezca que a veces caminas por calles oscuras, la luz que hay al final…. te hará brillar.

Escucha tu corazón y elige ser libre, que el miedo, si tiene que estar, sea ese amigo un poco pesado, pero NO, el que decida tu destino, elige arriesgar, elige estar vivo, brillar, fluir….que el premio, eres TÚ.

 

“Cuando el corazón habla es de mala educación, que la razón le contradiga”

Milan Kundera